El teléfono móvil y nuestra percepción del entorno (y qué mierda tiene que ver una cosa con la otra)
Buenas... y disculpas a mi público (tendente a cero, por otro lado, si no ya definitivamente establecido en ese valor) por haber estado ausente tantos años.
Retomo hoy la escritura con el ánimo de dar altavoz a una cuestión que, entre muchas más que también, se me empieza a antojar preocupante: cómo usa cada vez más gente el teléfono móvil cuando se encuentra en un espacio público. Para ello, hablaré de unos cuantos ejemplos que he vivido, pero quisiera remarcar que tan solo se trata de unos pocos de ellos, pues la cosa se da a diario. Literalmente y en diferentes y variadas formas. Y la verdad, esto me lleva a pensar, por mucho que haya gente que lo encuentre algo nimio, en aquello en lo que al parecer nos estamos convirtiendo (perdónese el tono recargado... prometo que en las siguientes líneas haré que la cosa sea más amena).
Bien, vayamos al asunto. Seguro que tod@s hemos presenciado alguna vez a alguien que, estando en el tren, o sentados en una terraza, se pone a reproducir su música alegremente, o se pone el jueguecito que le ayudará a hacer de su trayecto, o de ese tiempo que han de matar, algo más liviano (muy respetable, excepto por lo de no usar auriculares), o se arranca entablando una conversación con el manos libres a todo trapo...
La semana pasada pude presenciar el summum de cuanto digo, pero antes, hablaré de otras ocasiones, también propias de marcianos.
Ya al margen de los seres mononeuronales que opinan que a las ocho de la mañana estoy como para oir su reaggetón, comentar que un día, estando en una terraza tomando algo mientras leía mi libro, me hace levantar la cabeza una pareja (maduritos ya, debían andar por la quinta década), que inicia una conversación, a altavoz abierto, con -lo averiguaría poco después- su asesor fiscal. Ambos muy atentos a lo que el sujeto en cuestión les iba explicando (al igual que, cada vez más, todos los allí presentes)... la gente empezaba a desviar la mirada de aquello que estaban haciendo para mirar a la pareja con perplejidad... yo también, lo admito, pues cuando se está leyendo, ese tipo de cosas digamos que distraen... La pareja, por supuesto, no se da ni cuanta de que les anda mirando todo el personal. Bien, la conversación del trío se empieza a poner interesante, ya que el supuesto asesor al otro lado de la línea comenta algunas posibilidades que hacen que algunas cejas del lugar (las de la terraza entera, en concreto) se levanten... 15 minutos. ¡15 minutos, duró aquello! Nadie dijimos nada... de lo cual me arrepiento, he de decirlo: digo yo que, cuando alguien hace algo así, está invitando a todo el mundo a unirse a la conversación, ¿no?...
-Oiga... perdón por interrumpir... disculpe, pero... he de advertirle de que lo que le está diciendo este señor no es verdad... tengan cuidado, que les está tomando el pelo!
- Pero bueno! (actitud indignada)... y a usted qué le importa??
- Pues exactamente una mierda... precisamente por eso creo que no tengo porqué oírlo...
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Una vez más, ya dejando a un lado casos que también serían señalables (y que sí, expondré porque sino reviento), como el de una chica que andaba estudiando a mi lado en el tren y que tenía a una adolescente igualmente cerca que andaba reproduciendo en su teléfono alguna horrible variante de reaggetón (cualquiera de ellas, vamos), le pidió la primera a la segunda que por favor parase la reproducción. ¿la respuesta de la jovenzuela? "pero si no está tan alto!" ...a ver, bonita... que no se trata de si está alto o bajo, se trata de que no tengo porqué escuchar lo que tú quieras cuando tú quieras... y estoy estudiando en el poco rato que tengo, coño, si es que sabes lo que es eso, para qué se hace, y en qué condiciones ha de hacerse la mayoría de las veces para que vengas tú a ponerle a todo eso tu puta guinda!"
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Y sí, la semana pasada... es que ya la cosa hizo que tenga -que necesite!- darle altavoz al tema, bajo riesgo de morir sin haber hecho lo justo si no aireo el caso en cuestión:
De nuevo terracita (adoro leer en una terraza, y como siempre he sido soltero y dispongo del tiempo, pues lo hago tan a menudo como puedo). De nuevo conversación telefónica que se inicia a mis espaldas, tan sólo una mesa más allá. De nuevo altavoz en abierto... y de nuevo asesor financiero!! jajaja! con eso estoy bromeando: esto de hablar para el mundo entero alrededor lo veo tanto en asesores financieros como en vendedores de coches usados, estudiantes, personal de limpieza (largo y probablemente inacabable etcétera)... en este caso, el presunto asesor es el que está presente y no al otro lado del teléfono. Bien, el caso es que, dada la naturaleza de la conversación -el tipo le estaba vendiendo una hipoteca, y por Tutatis que se la vendió-, empezó a hacerle las preguntas que, en efecto, es necesario hacer en un caso así. A saber: nombre completo? (la chica contesta). DNI? (tal) dirección? (cual) oficio? (pascual). Fija? (sí) ingresos?...
Aquí ya no pude aguantar. abandoné la entrecortada lectura a la que me tenía abocado aquel tipo y me acerqué hasta su mesa...
-Oiga, perdón que interrumpa, pero... no es ya que me moleste su conversación "abierta"... es que está usted aireando los datos personales de esta chica, que por cierto no sabe que es así..."
- Oh, perdón...
El tipo cierra el altavoz y continúa con la conversación, todo bien por ahí.
Al terminar, el hombre se me acerca, y me pide perdón por si me ha molestado. En parte bien, sí (se ha disculpado en lugar de rebotarse e hincharme un labio de un puñetazo, cosa que al parecer teme todo el mundo que se excusa de esa manera al argumentar por qué no han hecho NADA al respecto cuando lo que en realidad rehuyen por sistema es un enfrentamiento)... pero por otro lado...
-Ya... gracias... pero es que no es tanto que me moleste (que sí), sino que usted estaba permitiendo que los datos personales de una persona fueran oídos por cualquiera que estuviese en 10 metros a la redonda... de verdad no ha pensado en ello ni por un segundo??
...Es obvio que no, y que por encima estaba la autosuficiencia que al parecer proporciona la posibilidad de trabajar mientras uno se toma un café en una terraza... oh, y ser asesor fiscal, y vestir corbata en el trabajo mientras se piensa "soy cojonudo: acabo de colocar una hipoteca mientras me tomo un café en una terracita... estoy en la capa alta!"
Me sentí muy indignado, he de decirlo. Y preocupado.
Los auriculares existen!! Desde hace décadas!! qué mierda os ha provocado esta alergia a ellos?? en serio, necesito saberlo!! porque si no es así, si no le habéis cogido alergia a los cascos... entonces es que la gente que os rodea os la suda muy fuerte!
Y es que hablo de terracitas, del tren... todos espacios públicos, sin que sea excusa que algunos de ellos sean lugares de ocio. Pero es que no se salvan ni las salas de espera de hospitales y ambulatorios! lugares, no hace tanto, en los que era sagrado guardar silencio. Y lo jodido es que el personal de esos lugares, que son quienes tienen la autoridad para ello, no reprende a quienes así actúan. Así que somos los ciudadanos quienes debemos hacerlo... Los que no dejamos de hacerlo argumentando un atropello aún mayor, como es que se reboten y te metan una hostia por llamarles la atención de la manera más lícita.
Cada vez más vivo con la impresión -o mejor dicho la certeza- de que mucha, demasiada gente, está perdiendo de vista el hecho de que vive rodeado/a de otros seres humanos y, por tanto, no se ve en la necesidad de tener en cuenta las necesidades/deseos de esos otros seres humanos porque "lo que importa es lo que yo quiera y punto". Miras a las caras de la gente absorta en su teléfono, y puedes ver cómo su campo de visión se ha reducido a un túnel con las dimensiones exactas de la pantalla de su teléfono. Ah, si os faltase esa gente alrededor! os íbais a enterar, gañanes y gañanas! Y no, no es que crea que el teléfono móvil sea per se la causa de todo esto. Más bien, y como viene siendo ya demasiado habitual, el problema es una preocupante falta de una educación cívica de calidad, accesible para todas las personas y basada en el respeto mútuo como factor fortalecedor de la especie humana, en contra de la división, el individualismo y el enfrentamiento.
...¿qué nos está pasando? o mejor dicho, ¿qué nos estamos haciendo a nosotros mismos?
Ahí os dejo la cuestión, mis inexistentes lectores. Como siempre, saludaros calurosamente. Y animaros a no dejaros avasallar por este tipo de actitudes, y a llamar la atención, siempre educadamente, de toda la gente que cree que puede pasarse por el Ohio aquello a lo que teneis derecho cuando estáis en un lugar público.
