dimarts, 18 de març del 2008

Seguridá Sosiá (remasterizado)

CARTA AL SR. PRESIDENTE DEL GOBIERNO

En primer lugar, sr. Presidente, quisiera saludarle. Mi nombre es Daniel Bueno (todos me llaman Dani). Tengo 32 años y soy natural de Barcelona, es decir, catalán. Sí! esos seres cabreadizos que le ponen pegas a todo y tienen fama de de no querer desprenderse de nada que no sea el resto del país.
El motivo por el que le escribo es mi intención de explicarle la situación que se ha venido dando en los últimos cinco meses, y que ha propiciado el hecho de que en la actualidad me encuentre, sin comerlo ni beberlo, en una situación francamente precaria. Si a vd. remito el presente escrito, es porque dicha situación ha sido provocada por la manera en que están estructurados algunos de los sistemas mediante los cuales este país funciona, por lo que he creído que usted, en calidad de máximo dirigente de este gobierno, sería la persona idónea para tratar de hallar una solución a un problema que puede dejar a un ciudadano -y digo uno por conocer mi caso, pero vaya vd. a saber cuántos más se habrán visto como yo- sin cobertura alguna ante la vida cotidiana, de cada día. Concretamente dos de esos sistemas: El laboral y el sanitario. O la combinación de ambos, para ser más exactos en el caso que nos ocupa. Para ilustrarle sobre éste que, deduzco, no es el único (pues no creo tener motivo para ser merecedor de una conspiración por parte de mi gobierno), me veo en la necesidad de relatar cómo fueron sucediendo los hechos desde el principio. Espero con ello no aburrirle demasiado. Le aviso de que va para largo...

Todo empieza el 19 de noviembre del año 2007. Me dedico a la electromecánica, y llevo a cabo dicha tarea en un taller de maquinaria destinada al alquiler por parte de las empresas de obra pública. Abastecemos, entre otras, a las empresas que ustedes seleccionan para llevar a cabo todos sus proyectos de infraestructuras. Seguro que le suena la empresa GAM-Vilatel. Bien pues, como iba diciendo, el día 19 de noviembre, sentí mientras trabajaba unas punzadas en el abdomen ciertamente alarmantes. El dolor, incluso se irradiaba (se extendía) hasta la zona genital. Menciono esto porque en realidad es muy relevante, como se verá más adelante. De manera que pedí por favor en el trabajo que alguien me acercase al hospital, en visita de urgencias, pues aquello me asustó de verdad. Algún tiempo atrás había ya tenido molestias similares –si bien no tan intensas-, pero dado que acabaron remitiendo durante el largo –y lento- proceso médico al que me vi sometido, no les di más importancia. Aquello debió ser hacia el año 2003 o 2004. Como digo, recaí de los referidos dolores y fui trasladado de urgencias al Hospital Taulí de la ciudad de Sabadell (provincia de Barcelona, autonomía catalana, estado español, continente europeo, etc.): allí es donde vivo. El primer punto remarcable de todo lo que más tarde iría sucediendo, es el hecho de que pasé siete horas exactamente (desde las 10h hasta las 17h) en el servicio de urgencias del principal hospital de una ciudad que no puede calificarse, precisamente, de pequeña o poco importante. Siete horas, sr. Presidente. Una menos de las que necesitaba; sobretodo porque en las paredes de la sala de espera de urgencias, colgaban unos carteles que rezaban lo siguiente: “Si su estancia en el servicio de urgencias se prolonga por más de ocho horas, diríjase a nuestro personal para solicitar un bocadillo”. No estoy bromeando. Por desgracia en aquel momento no disponía de una cámara de fotos con la que fotografiar aquello. Presidente, de aquel cartel se me desprendieron dos revelaciones: la primera es que en aquel lugar están habituados a las esperas de más de ocho horas. Y la segunda, que la Seguridad Social estima en muy poca la cantidad de comida necesaria para la supervivencia por parte del ser humano… No pretendo resultar más corrosivo de lo que debiera, pero es que cuando uno desayuna a las 6:15h de la mañana, aguantar con ello hasta bien entrada la tarde se hace horrible. Y a mí me faltó una hora de espera. Aún tendría yo mala suerte…
Bueno, aquel día ni siquiera me diagnosticaron lo que, a día de hoy, sé que tengo. El diagnóstico fue otro, y su tratamiento, como consecuencia, del todo inútil. Pero no voy a hablarle de la efectividad de los médicos, ya que entiendo que eso es algo que no depende directamente de ustedes -¿o sí?(¿ministerio de educación?)-. En cualquier caso, y al ver que el dolor no remitía y que aumentaba con cada esfuerzo que yo hacía, me sometí a nuevas exploraciones y pruebas. Por entonces yo ya tenía la baja médica, prescrita por el médico de cabecera. Tras unas tres semanas, en el Centro de Atención Primaria de mi ciudad descubrieron que padezco de varicoceles. Brevemente comentaré que se trata de formaciones varicosas en la zona de los testículos y que, aunque rara vez llega a causar dolor, puede hacerlo. Más aún, de no ser tratada de manera eficaz, puede comportar pérdida de fertilidad. Bien, continúo. Tras varias semanas de pruebas, visitas, peripecias y viajes varios de aquí para allá, y de unas cuatro semanas de práctica inactividad del proceso sanitario en relación a mi curación, cuando al final me visita el urólogo de zona (esto ha sido este mes de febrero, el dia 12, concretamente), éste me dice que hay que operar. El dolor es el motivo principal para ello, pero además, es que no hay que obviar la posibilidad de que a la larga afecte a la fertilidad. Bien, ya tengo algún dato más, aunque no tengo ni idea del tiempo que tardarán en operarme. A todo esto, hay un hecho que se da de manera paralela: ante la imposibilidad por mi parte de proporcionar datos concretos sobre cuánto va a durar mi convalecencia, la empresa para la que trabajo, con contrato indefinido, decide rescindir el mismo. Y lo hace. ¿el motivo oficial? Que después de dos años prestando mis servicios de manera completamente satisfactoria (según aseguran mis superiores más directos), “se viene observando que no se adapta a las directrices de la dirección” (eso decía la carta de despido). Por supuesto, el individuo que emitió la orden de cese es un cargo directivo que desconoce por completo la labor que desempeño en la empresa o que, si la conoce, sabe por el jefe de taller que es plenamente satisfactoria, como digo. En fin, que lo que me vienen a explicar quienes me dan el documento a firmar, es que la mejor opción que me queda es aceptar el despido con la promesa (oral, por supuesto; se negaron en redondo a afirmar lo mismo por escrito) de que, una vez recuperado, si acudía a ellos, mirarían “qué se podía hacer” para volver a incorporarme. Mi empresa me ha despedido por estar enfermo, sr. Zapatero. La verdad es que no sé si quiero volver a trabajar para ellos. Y usted dirá “eso no puede hacerse”. Pues yo le aseguro que sí. De hecho, pueden hacerlo por el simple hecho de que les apetezca, si se da el caso, ya que las causas que alegan para llevar a cabo el despido pueden –y suelen- ser falsas… ¿Qué porqué aceptar el despido, entonces? Se lo explico: como el contable de la empresa tuvo la amabilidad de explicarme, si uno se pone en contra de la resolución, puede que acabe ganando un proceso judicial que puede durar mucho tiempo. ¿Qué se consigue? La readmisión, es decir, que no lo echen a uno. ¿Qué medida toma la empresa, en tal caso? (recordemos que la intención dicha empresa sigue siendo deshacerse de aquel elemento “poco rentable”). Poner a aquel trabajador a hacer cualquier trabajo que no cuadre con sus aptitudes; ya sólo falta esperar la más mínima falta de ese trabajador para rescindir su contrato… de forma procedente!! Es decir, en la calle, y sin un duro. De modo que la indemnización que recibe el trabajador convierte en legal el hecho de que a uno lo echen por tener una enfermedad de la que no tiene ninguna culpa. Y además, no hay opción: aceptarlo es la única manera de no salir peor parado. Siento no poder documentar algunas de las cosas que aquí digo, pero es que creo que en este país la grabación clandestina de conversaciones es ilegal…
Día 26 de febrero. Llevo cinco meses de baja y estoy en el paro. Paro que se consume con cada mensualidad que recibo del INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social). Por estar de baja, no puedo trabajar. En el día de hoy tengo visita con el especialista (urólogo) por la mañana, y espero que éste pueda ya darme una fecha para mi operación. Una sencilla operación que, según me informo, es simple, rápida, y ni siquiera requiere del ingreso hospitalario por parte del paciente. El urólogo confirma que hay que operar debido al dolor (¡¡pero no plasma el motivo por escrito!!), y me envía a la tercera planta (esta vez se trata del Hospital de Terrassa), a que procesen su orden de cirugía y me pongan en la lista de espera. Me asegura que me podrán dar una estimación del tiempo que llevará hasta que me operen. En la tercera planta, en efecto, me inscriben en la lista de espera y me expiden un justificante a tal efecto, pero cuando les pido una estimación me dicen, simplemente, que no me la pueden dar, porque el tiempo de espera puede variar en función de las urgencias que se presenten, y no quieren “arriesgarse” a emitir una información falsa. Las palabras del chico del mostrador han sido “si yo ahora le digo que seis meses, y luego es un año, usted dirá que le he mentido”… ¿seis meses?¿un año? Cielos, espero no haber perdido la fertilidad, para entonces. Lo que no tengo nada claro es si para entonces me quedará algo que cobrar del subsidio de paro (paro al que me veo arrojado, y en el que estoy atrapado).

Pero eso no es todo. Si por la mañana ocurría esto en mi visita al especialista (el urólogo), por la tarde debía acudir al ICAM (Institut Català d’Avaluacions Mèdiques), con objeto de que allí estimasen si realmente reúno las condiciones para estar de baja laboral. Me piden todos los informes y exploraciones que tenga en mi poder. Les llevo todo lo que tengo (hasta los partes de confirmación de baja, que empiezan a ser un montón). Y sí, parece claro que padezco de varicoceles y que estoy en lista de espera para ser operado “algún día”. Pero… ja! Ningún informe habla explícitamente de la imposibilidad de llevar a cabo mi trabajo. Lógico: los médicos supongo, se dedican a lo suyo, que es el cuerpo humano, la diagnosis y los tratamientos. Las cuestiones laborales no suelen encontrarse entre las incumbencias de un médico especialista. Y es de éste de quien piden tal informe. Uno emitido por el médico de cabecera no serviría. He de puntualizar que si no me hallo en condiciones de realizar mi trabajo, es debido a la naturaleza de éste: en un taller mecánico dedicado a la maquinaria pesada, el esfuerzo físico es la tónica a lo largo de la jornada, ya que cuando no se están izando pesos importantes, se está haciendo fuerza con una llave, un mazo, o cualquier otra herramienta pesada. A mi no me importaría solicitar el alta para trabajar sentado delante de un ordenador, por ejemplo. Pero creo sinceramente que ir a trabajar para tener que rehusar a la mitad de las responsabilidades, o tener que dejar el puesto de trabajo debido a las molestias de manera contínua, pues no es forma de desempeñar el cargo.
Bien, el caso es que la médico del ICAM (una tía de lo más “simpático”) me dice que con lo que aporto, me “tumban” la baja. Mi réplica: pero ¿no saben en el INSS que uno de los motivos por el que hay que operar en casos como el mío es el dolor? Su respuesta: No. Ellos no son médicos y no tienen porqué saberlo. ¿Así que en el Instituto Nacional de la Seguridad Social no hay ni un médico que pueda aportar un criterio y una comprensión, pues eso… ¿médicos? Pues no. Así que habrá que hacerse con ese informe del especialista. Y ¿para cuando requeriría usted ese informe? Respuesta: para el lunes que viene. ¡¡Tres días!! Dispongo de tres días para conseguir una hora de visita para un especialista que la última vez que me dio hora lo hizo para un mes y medio después de la solicitud de ésta!!!
Para completar el halo surrealista que todo empieza a tomar, el último médico que me visitó aún sacó a la luz una nueva teoría sobre lo que me pasa. Mucha atención: este medico del que hablo fue el urólogo de la mútua que me paga el subsidio mientras estoy de baja. Llego. El hombre (un señor ya mayor, muy tradicional, él) me examina. Me hace algunas preguntas, y después de un buen rato, me dice que no cree que tenga varicoceles, sino una alteración de la función sexual (un cólico espermático) que, al loro, me he infundido yo mismo a base de alterar el proceso del coito... o sea, que después de cinco meses, todos los médicos del planeta, 40.000 trámites y otros tantos viajes para arriba y para abajo, resulta que lo que pasa es que no follo bien. Al tanto con el tratamiento: me recomienda unas pastillas (espasmolíticos), y que, en palabras mías, eche tres o cuatro polvos "bien echados", o sea -me dice- dejando que la cosa "fluya" tal como viene... vaya, doctor. Una lástima: acabo de quedarme sin pareja... ¿podría usted hacerme una nota por escrito que pueda servirme a la hora de ligar?¿o quizá tienen vds. personal especializado en ese tipo de tratamientos?... acabé tomándolo a guasa (no con en el médico, claro).
Estamos a dia 18 de marzo. De marzo! Hoy he recogido ese informe que vuelve a detallar lo que padezco, pero que no especifica que yo no pueda trabajar. Me lo dan. Me quejo. Me dicen que evaluar mi capacidad para currar es responsabilidad del ICAM… pero, ¡si es de allí donde me piden el informe!!

Hoy me han dado el alta. Pero yo no puedo currar. De lo mío, al menos. Supongo que podría currar de cajero en el Mercadona pero, sinceramente, creo que es una putada que haya yo de verme así sin haber hecho nada en especial para conseguirlo.
En fin, y repasando: estoy en el paro y no puedo currar. No tengo ni idea de si me operan dentro de un mes o de un año… Llevo cuatro meses dando más viajes para arriba y para abajo que el más osado de los aventureros, cuando se me recomienda el reposo… y estoy atrapado!! Del todo atado de pies y manos. No hay nada que yo pueda hacer, y ello tiene aspecto de querer durar así algún tiempo más. Y a mí, lo que se me consume, es eso: el tiempo. El tiempo y la paciencia. La paciencia que he derrochado siguiendo meticulosamente cada uno de los procesos a los que he sido sometido por administraciones y personal cuya competencia deja todo que desear, y que no me ha llevado aún a ninguna solución práctica de verdad ni a ningún lugar, de hecho. Al menos, todavía, porque a este paso, en donde sí me veo es en la calle y sin un duro en muy poquito tiempo.
Presi, muevete...

translate the blog content into...

fotillos (clicad para iniciar la presentación)

la blogueria